En una noche que podía tener aroma a despedida, el Xeneize goleó 3 a 0 a Lanús en el Estadio Néstor Díaz Pérez y consiguió algo más que tres puntos: la tranquilidad en un contexto cargado de incertidumbre.
El equipo dirigido por Claudio Úbeda llegaba a este partido con un clima pesado alrededor. No solo por los resultados irregulares, sino también por la sensación de que el ciclo podía estar transitando sus últimos capítulos. Sin embargo, en el sur del conurbano apareció una versión más sólida, ordenada y eficaz.
El encuentro, que originalmente debía disputarse antes, se había postergado porque el Granate venía de disputar la final de la Recopa Sudamericana ante Flamengo, serie que terminó ganando el conjunto dirigido por Mauricio Pellegrino. Ese antecedente parecía darle al local cierto aire de confianza tras imponerse al último campeón de la Copa Libertadores de América.
Pero el duelo fue otro. Con la presencia de 10.000 hinchas visitantes autorizados por la Asociación del Fútbol Argentino, Boca se sintió cómodo desde el arranque. El equipo manejó la posesión, presionó alto y encontró espacios en tres cuartos de cancha frente a un Lanús que llegó condicionado.
El primer golpe se dio a los 15 minutos. Santiago Ascacíbar abrió el marcador tras una volea que terminó entrando luego de un rebote en José María Canale. El gol le dio confianza al visitante, que empezó a jugar con mayor tranquilidad.
El Granate sufrió bajas sensibles. La más importante fue la de Marcelino Moreno, quien quedó afuera a último momento por una metatarsalgia en el pie izquierdo, lesión que había infiltrado para poder disputar la serie ante el Mengao. A eso se sumó la reciente salida del goleador Rodrigo Castillo, transferido al Fluminense por una cifra cercana a los 10 millones.
Sin ese peso ofensivo, dependieron de los centros hacia Walter Bou, que nunca lograron ser realmente peligrosos.
A los 30 minutos llegó el segundo. Miguel Ángel Merentiel amplió la ventaja después de una buena secuencia ofensiva en la que volvió a destacarse el juvenil Tomás Aranda, en su primera titularidad como enganche y pieza clave para conectar el mediocampo con el doble nueve que formaron Alan Bareiro y la Bestia.
En ese rol, el joven de 18 años dio algo que Boca venía extrañando: pausa, conexión y claridad en los últimos metros.
El último grito llegó nuevamente a través del uruguayo, esta vez luego de una asistencia de lujo de Leandro Paredes. El campeón del mundo filtró un pase de tres dedos que dejó al delantero de cara al gol. La definición selló la goleada y también confirmó el buen nivel del mediocampista, que parece haber dejado atrás las molestias físicas que lo habían perseguido desde diciembre del año pasado.
Con esta victoria, los hombres del Sifón suman tres puntos importantes y ganan algo de aire de cara a lo que viene. Su próximo compromiso será ante San Lorenzo de Almagro en la Bombonera, en un clásico que históricamente le resulta incómodo y que podría transformarse en una nueva prueba para Úbeda, el cual dejo una contundente frase en la conferencia de prensa tras la paliza: “Antes no éramos tan malos y ahora tampoco somos tan buenos. Hay que buscar un equilibrio para lo que viene por delante”
El partido se jugará el miércoles 11 de marzo a las 19:45, en el marco de un calendario que sufrió modificaciones tras la suspensión de la fecha 9 dispuesta por la gestión de Claudio Tapia.
Por su parte, Lanús deberá dar vuelta la página rápidamente. El equipo de Pellegrino visitará a Estudiantes de La Plata en el Estadio Jorge Luis Hirschi el viernes 13 a las 20.




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