Este domingo 19 de julio a las 16:00, hora de Argentina, las selecciones de Argentina y España paralizarán al planeta al definir la final de la Copa Mundial de la FIFA en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
La Albiceleste llega tras un torneo inolvidable, buscará su cuarta estrella ante una temible España. Sin embargo, los dirigidos por Lionel Scaloni no solo juegan por un trofeo, juegan por ingresar a un selecto grupo de la historia de este deporte, el de los bicampeones mundiales.
A lo largo de la existencia de este torneo solamente en cinco ocasiones el campeón vigente llegó al partido definitivo para mantener el parche de campeón.
En Francia 1938 nació el primer bicampeonato bajo la sombra de la preguerra y la enorme presión política de la época. Con la conducción táctica de Vittorio Pozzo, la Azzurra llegó a París con la obligación absoluta de revalidar el título conseguido en Roma cuatro años antes. Antes de saltar al césped para enfrentar a Hungría, el plantel recibió un telegrama del dictador Benito Mussolini con una frase contundente: ‘’Vencer o morir’’.
En la cancha, los italianos no se dejaron amedrentar por el contexto ni por el talento técnico de los húngaros. Con un doblete de Gino Colaussi y otros dos del implacable Silvio Piola, Italia impuso su rigurosidad física y táctica para llevarse un triunfo por 4-2. El arquero húngaro, Antal Szabó, dejó una frase para la posteridad que reflejó el drama invisible de esa final: “Nunca en mi vida me sentí tan feliz por haber concedido cuatro goles. Al menos les salvé la vida a ese grupo de hombres”. Italia tocaba el cielo y se convertía en la primera dinastía del fútbol mundial.

Cuatro años después de haber deslumbrado al mundo en Suecia 1958, Brasil llegó a Chile en 1962 listo para consolidar su reinado. Todo el planeta esperaba que fuera el torneo de la consagración absoluta de Pelé, quien ya era considerado el mejor del mundo con solo 21 años. No obstante, en el segundo partido de la fase de grupos ante Checoslovaquia, O Rei sufrió un desgarro en el aductor que lo dejó fuera del resto del certamen.
Cualquier otra selección se habría desmoronado ante semejante pérdida, pero aquel Scratch estaba repleto de figuras. El técnico Aymoré Moreira le dio la camiseta de Pelé a un joven Amarildo, quien respondió con creces, mientras que Garrincha se puso la bandera del equipo al hombro regalando un torneo indescifrable y mágico. En la final de Santiago, Brasil se volvió a ver las caras con la rocosa Checoslovaquia de Josef Masopust. Aunque los europeos se pusieron en ventaja, Brasil reaccionó con autoridad y, con goles de Amarildo, Zito y Vavá, selló un 3-1 inapelable. Aquel año 1962 marcó la última vez que el planeta vio a un campeón retener la copa de manera consecutiva.

Tras la histórica gesta de Diego Armando Maradona en México 1986, la Selección Argentina llegó a Italia en 1990 dispuesta a defender su título, pero el camino fue un verdadero calvario. Diezmada por las lesiones, las suspensiones y con un Diego jugando con el tobillo izquierdo completamente destrozado e infiltrado, el conjunto de Carlos Bilardo avanzó a puros penales, épica y con las manos milagrosas de Sergio Goycochea. Argentina se convirtió en el primer campeón defensor en llegar a la final siguiente y encontrarse de frente con la pared de la derrota.
El escenario fue el Estadio Olímpico de Roma, frente a la poderosa Alemania Federal que buscaba revancha de lo ocurrido en el Azteca. El partido fue áspero y cerrado, al igual que todos los duelos que tuvieron que disputar los argentinos. La ilusión del bicampeonato se hizo pedazos a falta de cinco minutos para el final cuando el árbitro Edgardo Codesal sancionó un polémico penal sobre Rudi Völler. Andreas Brehme lo cambió por gol y selló el 1-0. Las imágenes de un Maradona quebrado en llanto y cargando la medalla de plata, quedaron en la memoria del futbolero.

Brasil había recuperado su trono en Estados Unidos 1994 y llegó a Francia en 1998 con un equipo que metía miedo, comandado por un Ronaldo Nazário que, a sus 21 años, jugaba a una velocidad diferente a la de los demás. El bicampeonato consecutivo parecía un trámite para el equipo de Mário Zagallo, pero la historia del fútbol guardaba uno de sus capítulos más misteriosos y dramáticos para la tarde del 12 de julio de 1998 en Saint-Denis.
Horas antes de la gran final, Ronaldo sufrió convulsiones en la habitación del hotel de concentración. El pánico se apoderó del plantel y su nombre fue retirado de la planilla oficial. Sin embargo, en medio de presiones comerciales y el deseo desesperado del jugador, el Fenómeno fue incluido en el once titular a minutos del pitazo inicial de aquella tarde. En el campo de juego, Brasil fue un espectro. Ronaldo deambuló por el césped visiblemente afectado y el equipo entró en un shock colectivo. Una Francia inspirada, liderada por dos cabezazos históricos de Zinedine Zidane, pasó por encima al campeón defensor con un contundente 3-0, dejando a Brasil en las puertas de la gloria.

El antecedente más fresco y espectacular ocurrió el 18 de diciembre de 2022 en el Estadio de Lusail. Francia, campeona en Rusia 2018, llegó a Medio Oriente diezmada por las bajas de figuras clave como Karim Benzema, N’Golo Kanté y Paul Pogba. A pesar de los pronósticos de la “maldición del campeón” y la fase de grupos, los Bleus de Didier Deschamps marcharon con autoridad en 2022 gracias a un Kylian Mbappé intratable que parecía destinado a emular a Pelé ganando dos Mundiales antes de los 24 años.
La final ante la Argentina de Lionel Messi fue la obra de arte definitiva de la historia de los Mundiales. Durante 80 minutos de aquel partido en 2022, la Scaloneta borró de la cancha a los franceses con un 2-0 categórico. Pero cuando todo parecía sepultado, apareció Mbappé, en una ráfaga de dos minutos empató el partido, y en el tiempo extra volvió a aparecer para estampar un hat-trick de leyenda y clavar el 3-3 tras el gol de Messi. Francia estuvo a centímetros de ganarlo en la última jugada de con el remate de Kolo Muani, pero el destino ya estaba escrito por la pierna izquierda de Emiliano Martínez. En la tanda de penales, la corona de los vigentes monarcas voló por los aires para posarse sobre la cabeza del capitán argentino.

Mañana, el MetLife Stadium no será un simple escenario de fútbol; será el tribunal que decida el lugar que ocupará este ciclo en la eternidad. La moneda está en el aire. Si la Selección Argentina logra neutralizar la juventud y el despliegue de España, romperá una sequía global de 64 años e igualará lo logrado por Italia en 1938 y Brasil 1962.
Si los europeos dan el golpe, la Scaloneta se sumará a la lista de aquellos gigantes que, como en 1990, 1998 y 2022, cayeron con las botas puestas en el último escalón.




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